Una partida silenciosa, de puntillas
8 de junio de 2026
En los últimos días, además de supervisar la construcción de la nueva iglesia en Lanome, la atención se ha centrado en Monseñor Juan José Aguirre, quien dejó la diócesis hoy después de 28 años como obispo.
Deseaba marcharse discretamente, sin una ceremonia solemne. Con un poco de insistencia, logré convencerlo de que dedicara un día a los sacerdotes y religiosos de la diócesis.
Así, el viernes 5 de junio, día de su 72 cumpleaños, casi todos los sacerdotes y monjas de la diócesis se reunieron a su alrededor para un día de celebración, acción de gracias y testimonio.
Por la mañana, quiso contarnos su larga trayectoria misionera, que comenzó hace 46 años en Obo, y su ministerio como obispo de esta hermosa diócesis, hermosa porque pertenece a Cristo. Y también es hermoso por las muchas obras que Monseñor Aguirre realizó, con la ayuda de Dios y de tantas personas de buena voluntad: sacerdotes, ancianos, huérfanos, escuelas, parroquias, estudiantes, pero también aquellos que enfrentan guerras, refugiados, dificultades y penurias. Y todo esto a pesar de que su salud se ha visto seriamente comprometida por varios infartos y otras enfermedades.
A las 11:30 de la mañana, concelebramos la Misa juntos: fue de ahí de donde Monseñor Aguirre extrajo tanta fuerza y ternura. Y es desde aquí que debemos reanudar la construcción de la diócesis de Bangassou.
Tras un almuerzo de celebración, Monseñor Aguirre se dirigió a Tokyo, la otra parroquia, para catequizar a los candidatos a la confirmación, que celebró el domingo.
Y hoy, lunes 8 de junio, lo acompañé al aeropuerto. Nos acompañaron dos sacerdotes, la hermana Yolanda (que cuida de huérfanos, ancianos y pobres) y Solange, a quien él había acogido cuando era huérfana hace más de veinte años y que ahora es una mujer y madre.
¡Que tengas un buen viaje, Juan José, y gracias por todo!
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