Peregrinación
a Zemio
8
de julio de 2026
Al
día siguiente del funeral, partí hacia Zemio. La MINUSCA (las fuerzas de
mantenimiento de la paz de la ONU) logró conseguirme un lugar en su avión.
Despegamos
alrededor de las 11:00 de la mañana, y a las 12:30 hicimos una escala en Obo,
donde pude saludar a los sacerdotes de esa parroquia. Retomamos la marcha casi
una hora más tarde y llegamos a Zemio hacia las dos de la tarde. Me acompaña el
padre Gervais, párroco de Zemio, quien había estado en Bangui durante unas
semanas.
Atravesamos
una ciudad extraña (y ominosamente) silenciosa y llegamos a la Misión, donde
encontramos a unas cuantas docenas de fieles que se acercan a nosotros entre
lágrimas...
Por
la tarde, me reuní con los catequistas y los miembros del consejo parroquial:
el asesinato del padre Crépin es un acto muy grave. Gran parte de la población
ya ha huido al vecino Congo, y quienes permanecen están perdidos. La presencia
de los sacerdotes aquí, en la Misión, era su único ancla. Una mujer me confía
que, cuando huyen del barrio para refugiarse aquí en la parroquia, ¡su único rayo
de esperanza es la Eucaristía que se celebra cada mañana! Al final del día,
cerca de un centenar de personas se reunieron en el patio de la Misión para una
vigilia de oración que dura toda la noche y concluye con la misa de las 5:45 de
la mañana.
El
viernes 3 de julio, dado que las autoridades no acudieron, fuimos a reunirnos
con ellas con la esperanza de obtener respuestas sobre el asesinato del padre
Crépin. Pero regresamos con más preguntas que respuestas: el sacerdote fue
asesinado a 20 metros de la Misión, a escasos metros de un puesto de control
militar del gobierno… ¡Él, que tanto trabajó por la paz, el diálogo y la
mediación!
Por
la tarde, me reuní con los jóvenes que partieron en motocicleta y transportaron
el cuerpo hasta Dembia, a 80 km de distancia. ¡En el camino de regreso, fueron
interceptados por rebeldes que les quitaron los teléfonos, el dinero y dos
motocicletas!
El
sábado por la mañana, tras una segunda noche de vigilia, celebramos la misa en
memoria del padre Crépin. La iglesia estaba llena y, también aquí, celebré con
ornamentos rojos, como para un mártir.
Estaban
presentes algunos funcionarios, mientras que el subprefecto llegó al final de
la misa y se marchó inmediatamente después.
Al
finalizar la celebración, emprendimos una peregrinación al lugar donde fue
asesinado el padre Crépin. Recogimos tierra empapada de su sangre: una parte
permanecerá aquí en la parroquia, otra irá a Bangassou y otra más es para su
familia. Deseamos erigir aquí un pequeño monumento: uno que permanezca como
lugar de oración y recuerdo, ¡pero también como un recordatorio para nuestras
conciencias!
El
domingo celebramos la misa a las 8:30 de la mañana. ¡Estuvieron presentes los
catecúmenos a quienes el padre Crépin había bautizado el domingo 28 de junio
-el día anterior a su asesinato-! Les invito a ponerse en pie y les animo, pues
en esta primera semana desde su bautismo ya han vivido toda una vida: el don
del bautismo, la muerte del sacerdote, la fe en la Resurrección y la cálida
acogida de toda la Iglesia.
Por
la tarde, fui al pueblo y compré el único saco de cemento necesario para
empezar el monumento conmemorativo. ¡Coste: 60 euros!
En
los próximos días, queremos comenzar a proteger el lugar donde fue asesinado el
padre Crépin.
Alguien
que estuvo en el seminario de Bouar cuando yo era su director (hace más de 23
años) vio una foto del lugar ¡y realizó una donación específicamente para eso!
Las
noches se ven a menudo perturbadas por disparos de pistola y ametralladora…
Se
suponía que debía salir el lunes por la mañana, pero mi vuelo ha sido
cancelado. El martes, lo mismo…
Y
el miércoles… ¡por fin llega el momento de marcharse!
Mientras
espero el avión, tengo tiempo para ponerme al día con el trabajo. Y para leer.
El sábado 4 de julio, mientras celebrabámos la misa por el padre Crépin aquí en
Zemio, el Papa León XIV se encontraba en Lampedusa, un refugio para miles de
personas que hacen todo lo posible por huir de la pobreza y la guerra. Algunas
de sus palabras me dejan una profunda huella: “el amor siempre reside en la
libertad, y la libertad en las decisiones. También hay quienes eligen no estar
cerca de los demás, y quienes eligen no decidir. Quienes mueren en el mar son víctimas tanto
de las decisiones tomadas como de las no tomadas. El menosprecio por el bien
común y la corrupción en sus lugares de origen (…): todo esto refleja, el
Evangelio de hoy, la prisa por “pasar a otra cosa” (Lucas 10:31–32).”
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