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Vía
Crucis y Resurrección
8
de abril de 2026
El
martes 31 de marzo es el día que la diócesis dedicó a los sacerdotes. Por la
mañana, se reunió el Consejo Presbiteral: una docena de sacerdotes (la mitad
elegidos por sus compañeros sacerdotes y la otra mitad designados por el
obispo) se reunió para debatir y asesorar al obispo sobre los aspectos más
importantes de la vida de la diócesis.
Por
la tarde hemos estado en la parroquia de Tokoyo, aquí en Bangassou. Celebré la
misa con la mayoría de los sacerdotes de la diócesis. Durante esta liturgia,
los sacerdotes renuevan las promesas que hicieron el día de su ordenación, y
luego el obispo bendice los óleos (para los catecúmenos, para los enfermos y el
Santo Crisma) que se usarán para los sacramentos.
El
jueves 2 de abril es Jueves Santo, día de la Última Cena, durante la cual Jesús
instituyó la Eucaristía y el sacerdocio, y dio ejemplo de amor y autoridad:
¡lavando los pies!
Por
la tarde, celebré la misa en la catedral y, durante la misma, siguiendo el
ejemplo de Jesús, lavé los pies de doce personas.
El
viernes por la mañana partimos hacia el este. Ya ha empezado a llover y los
caminos, que ya estaban en mal estado, se volvieron aún más difíciles: barro,
charcos y árboles caídos. Pero la lluvia también nos permitió observar muchos
animales: monos, antílopes, cigüeñas, garzas y muchos otros.
Por
la tarde, estuve en Rafai, donde celebré la liturgia del Viernes Santo, con la
lectura de la Pasión de Cristo y la hermosa Oración Universal.
El
sábado por la mañana, salimos de Rafai sobre las 6:00 hacia Zemio, a 150 km de
distancia. A eso de las 9:15, mientras atravesábamos un gran charco, ¡el coche
se inclinó hacia la derecha! Nos asustamos un poco, pero por suerte no se
rompió nada. Salimos y, poco a poco, con la ayuda del cabrestante eléctrico,
conseguimos enderezar el coche y sacarlo del charco, que tenía más de un metro
de profundidad.
El
problema (además de las abejas y los miles de insectos) es que el motor no
arranca: ¡le ha entrado agua!
A
las 6:00 de la tarde, llegaron unos jóvenes del pueblo vecino y nos invitaron a
pasar la noche en su casa. Caminamos hasta allí: algo más de 7 km, pero
llegamos en una hora.
El
jefe de la aldea nos ofreció dos cabañas. A mí me dieron una, muy sencilla. La
cama de bambú medía apenas un metro y medio y era muy dura… Me di una ducha
rápida bajo las estrellas y luego logré dormirme. ¡A las 8:40 de la noche.
llegó un coche! Era el sacerdote de Zemio que había venido a recogernos (las
noticias corren rapidísimo en África, a pesar de la falta de cobertura y
teléfonos móviles…).
Intentan
arrancar nuestro coche, pero se rinden y nos vamos con ellos a Zemio, donde
llegamos a las 3:00 de la madrugada, tras cuatro horas de viaje (¡menos de 70
km!).
Tras
unas horas de descanso, a las 8:30, comenzamos la celebración de la Misa de
Pascua. A pesar del cansancio, es un momento realmente hermoso. La situación
aquí sigue mejorando, y les digo que la Pascua nos recuerda que no hay tumba,
ni lugar de sepultura, ni oscuridad donde la Gracia no brille y traiga Vida.
Después
de la misa, me reuní con jóvenes y adultos para evaluar la situación:
prácticamente todos los que habían encontrado refugio en la Misión habían
regresado a casa, y las escuelas estaban, al menos parcialmente, abiertas y
acogiendo a un número razonable de alumnos (aunque todavía estábamos lejos de
la normalidad). Por la tarde, los niños organizaron juegos y yo recorrí el
pueblo, en particular para reunirme con la comunidad musulmana y hacerles saber
que estaba allí.
Por
la tarde, nuestro mecánico de Bangassou llegó con mi coche, ¡ya reparado!
El
lunes por la mañana partimos hacia Tamboura, un pueblo a 25 km de distancia,
donde conocí a los habitantes y celebré la misa. Los pueblos a lo largo del
camino estaban desiertos (y muchas casas se habían quemado), y en Tamboura la
gente comenzaba a regresar poco a poco…
El
martes por la mañana, misa en la parroquia, y luego partimos hacia Tabane, a 20
km de distancia. La gente llega tímidamente (se enteraron ese mismo día de que
un convoy de mercenarios rusos iba a pasar por allí) y tienen miedo.
Alrededor
de las 10:30 de la mañana, partimos hacia Rafai. En medio del bosque, nos
topamos con un convoy de mercenarios rusos que nos pidieron la documentación,
registraron nuestras maletas y equipaje, y tras recibir la confirmación de
Bangui, nos dejaron marchar, disculpándose por la espera. A las 5:30 de la
tarde, finalmente llegamos a Rafai, sin incidentes ni contratiempos.
Y
hoy, miércoles 8 de abril, regresé a Bangassou. ¡Muchos kilómetros, algo de
cansancio y, sobre todo, una gran sensación de resurrección!

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| Zemio |

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| Tamboura |
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| Tabane |
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Airone Héron Garza |