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domingo, 15 de noviembre de 2015

Un mundo loco



Aerorporto di Bangui, con i 40.000 rifugiati...
L'Aéroport de Bangui, avec 40.000 déplacés

Un mundo loco
Estoy de viaje en Camerún, visitando nuestras  comunidades carmelitas, que se encuentran en Yaundé, la capital del país.
Y es aquí donde recibo la terrible noticia de los atentados de París: mucha tristeza y la sensación de  saberse débiles, expuestos a cualquier peligro y, sobre todo, a la locura de quien no temer servirse de Dios para matar y destruir. Pero también un mundo, el europeo y occidental, que parece encontrarse cada vez más en vías de destruirse y de destruir las raíces de su vida y de su historia...
Salí el lunes en un avión pequeño de las Naciones Unidas desde Bozoum por Bangui, donde llegué hacia las 15 horas, un poco mareado por las vibraciones y las turbulencias del aire.
El martes volví a salir desde Bangui por Douala (la capital económica), y al día siguiente llegué a Yaundé, donde fui acogido por nuestra comunidad de Nkolbisson y donde hay padres de distintas nacionalidades (de los que dos son de mi provincia religiosa) y jóvenes en formación. He venido especialmente para ver a dos jóvenes centroafricanos, fray Cristo y fray Miguel, que están estudiando teología aquí.
La ciudad de Yaundé es muy grande, con un tráfico muy confuso, y con mucha gente que vender, compra, trafica... Es impresionante ver la capacidad de la gente para inventarse un trabajo.
El sábado participé en nuestra parroquia de Nkoabang en la profesión solemne de dos jóvenes cameruneses, fray Juan Bautista y fray Marcial: se trata de su compromiso definitivo en la familia carmelitana.
Estamos muchos, en una iglesia llena de gente, pero sobre todo de colores, danzas y oración.
Después de la ceremonia (que comenzó a las 10'30 y terminó a las 14 horas) como un bocadillo con los festejados y me marcho para Douala. Había pensado hacerlo en avión, pero la compañía ha anulado el vuelo, y en consecuencia, me voy en autobús... de bajo coste.... Con menos de cinco euros tengo derecho a un asiento, y también a otros espectáculos. El autobús se para que la gente salga y se baje, y a sitios donde hay coca- cola, los vendedores salen a vender botellas, cacahuetes, plátanos fritos, etc... Al final hace acto de presencia un auténtico charlatán, que hace propaganda de agua y luego de dulces, que consigue vender con mucha simpatía.
A las 22 horas, después de cinco horas de viaje durante 250 kilómetros, llegué finalmente a Douala, y encontré una habitación disponible. Y de nuevo estoy dispuesto a volver a Centro África, donde están en auge los preparativos para la visita del Papa, el 29-30 de noviembre, pero donde la tensión sigue siendo aún muy alta.





Fr.Jean Baptiste con il Provinciale di Milano, p.Attilio











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