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sábado, 13 de septiembre de 2014

Vuelta a Bozoum






Vuelta a Bozoum
Finalmente, el martes logro volver a Bozoum.
Llegué en avión. Un pequeño avión, con una docena de plazas. Se bamboleba un poco, pero lo hemos logrado.
Desde hace unos días estoy aquí, en reposo, esperando que vuelvan las fuerza...
Mucha gente viene a saludarme, y me agrada ver su alegría.
Gracias de corazón a todos por su simpatía y oraciones.
A continuación pongo la traducción en español del relato del coronel francés, cuya versión original está en piamontés...
“Esperábamos el helicóptero que tenía que aterrizar a las siete. Eran las siete menos cinco. Estaba con nuestro capellán - nosotros, soldados en misión, tenemos siempre un capellán a quien llamamos con afecto "Padre", aunque no todos son cristiano bautizados- y había cuatro enfermeros.
Faltaban dos minutos para las siete y habíamos oído el rumor de los rotores que se avecinaba en la noche. Era el típico sonido del ·flop flop" característico que nos hizo exclamar a coro: "Aquí está". Los enfermeros cogieron la camilla que habían preparado y fueron corriendo hacia este gran mosquito que poco a poco se bamboleaba por el aire a punto de aterrizar.
Después de algunos minutos, los enfermeros volvieron llevando en la camilla un enfermo que  estaba acompañado por el piloto del helicóptero con el uniforme de aeronáutica. El enfermo estaba consciente y venía cargado como un mulo, con todo el material sanitario: el medidor de las pulsaciones del corazón, el medidor de la presión, el medidor para el oxígeno de la sangre. En medio de las piernas, le habían puesto una botella de oxígeno, con un tubo conectado a una máscara que tenía en la nariz.
Era un hombre de mediana edad, delgado. Tenía la cabeza y un cutis amarillo como quien padece de hígado.
"Buenos días, Padre" -le dije en italiano- "soy el director sanitario, bienvenido entre nosotros. Voy a llamar a nuestra embajada para que puedan avisar al consulado de Italia de su presencia en nuestro campo. ¿Necesita que llame a alguien?".
Casi no tuve la fuerza para hacerme entender; con un gesto y una sonrisa me daba las gracias.
El Centro Operativo, después de la comida, me había avisado de que le habían llamado desde nuestra Base en el Oeste del país, donde los frailes del convento habían ido a pedir ayuda porque un sacerdote italiano se sentía mal. Yo soy el que le día la orden y mandé entonces un helicóptero con un médico y un enfermero a buscarlo. Una mano lava la otra y las dos lavan la boca. Mira cómo hemos encontrado un sacerdote italiano misionero internado en nuestro Hospital del Campo. Su nombre era Aurelio, Padre Aurelio Gazzera.
El primer día estaba exhausto y apenas podía hablar. Me llamó otro sacerdote italiano por teléfono pidiendo información. Era el Padre Federico. Comenzó a hablarme en francés, pero yo le respondí en italiano. Entonces me dijo: "Pero Lanteri es un apellido italiano, coronel".
Le dije: "Yo soy piamontés". Él me respondió con alegría: "También yo soy piamontés. Soy de Cascale Monferrato".
"Entonces hablamos en piamontés, padre",
"En efecto, hablamos piamontés, señor coronel.¿Pero usted sabe que el Padre Aurelio es de Cuneo y que también con él puede hablar en piamontés?".
"¡Jesús! ¿Es de  di Cuneo? (disculpe, padre) porque nosotros somos por debajo de Cuneo, pues yo soy de Briga. ¿Conoce Briga?".
Y así durante un tiempo, yo estoy en Bangui, capital de Centro África, y él en Bouar, al oeste de este país, nos pusimos tranquilamente a hablar piamontés por teléfono.
Al día siguiente fui a ver al Padre Aurelio al hospital. Estaba mejor. Entré bajo la tienda donde estaba acostado en una hamaca y le dije en piamontés: "Buenos días, padre, ¿se encuentra bien hoy?". A él le sorprendió, pero me respondió en piamontés: "Buenos días, señor coronel. Sí, hoy estoy mejor. Pero, Lanteri... Lanteri es un apellido que...".
"Sí, yo soy de Briga. ¿Conoce Briga?".
Seguro que conoce Briga. Había ido a caminar por la montaña. "Un valle magnífico" -dijo a los enfermeros que nos oían hablar- y describí la lápida grabada sobre la roca, casi a las afueras de Fontan en 1610, en recuerdo de Carlos Manuel I -llamado el Grande- por haber abierto y mejorado el camino que permitía la travesía del pueblo a quien iba de acá para allá por los montes en Piamonte.
¡Me parecía soñar! Perdidos en medio de África, con uniforme de combate, en un hospital de campo que dirigía, poder hablar en piamontés con un sacerdote enfermo que había ido a buscar en helicóptero en casa del diablo, donde vive desde hace más de  veinte años.
Y charlábamos de Val Roya, de Carlos Manuel de Saboya, delante de mis enfermeros que no sabían ni siquiera dónde estaba Turín.
Después de algunos días le hemos dejado que saliera del hospital. Estaba un poco mejor. A las hermanas que vinieron a recogerlo, les aconsejé: "Hacedle un buen plato de macarrones". Se echaron a reír. Y después le dije: "Padre, hágame el favor. Tiene que marcharse y debe comer como se debe".
A las órdenes, señor coronel. O mejor: " Ai urdini, Munsu Culunel”.

(Las fotos del avión no son mías... Son de un holandés, Arnold, que trabaja aquí en Bozoum con Cordaid...).


Il ponte sull Ouham a Bozoum, fatto dai prigionieri italiani nel 1943
le pont sur l'Ouham à Bozoum, construit par les prisonniers italines en 1942


Bozoum

Bozoum

Bozoum





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