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lunes, 23 de junio de 2014

En viaje por Europa



Oslo





En viaje por Europa
Desde el domingo estoy de viaje. Salí el domingo después de las misas; llegué a Bangui por la tarde, para ir en avión el lunes de mañana, en dirección a Douala (Camerún). Por la tarde salí para París y hacia las 12'30 horas llegué a Oslo, en Noruega.
Aquí se encuentra el Centro para el Diálogo Humanitario que organiza todos los años un Forum que reúne a los mediadores: un centenar de personas de todos los rincones del mundo, que  tratan de encontrar en paz soluciones pacíficas a los diferentes conflictos que pesan sobre las naciones. Es impresionante ver cómo el mundo parece correr hacia su destrucción, pero también es hermoso ver cómo trabaja el mundo, con frecuencia en silencio para buscar y labrar la paz.
Durante dos días trabajamos en grupo y con reuniones temáticas. Tenemos, además, gente de alto nivel: Kofi Annan, Jimmy Carter...
El jueves es el momento de Centro África. Estoy al lado de la Sra. Presidente, Catherine Samba Panza, e intentamos presentar la situación; yo hablo mucho de la experiencia de Bozoum.
El viernes 20 reanudo la marcha, y al fin de la mañana llego a Ginebra. Encuentro allí a Floriana Polito de Cáritas Internacional, a Alberto Hengelaar de la Alianza Evangélica Mundial, a Fabio de la Comunidad Juan XXIII, a Beatriz de Cordaid y al obispo de Bossangoa, en la República Centroafricana.
Por la tarde, en una gran sala de las Naciones Unidas, presentamos Centro África a un público muy atento. Con nosotros se encuentra también el Nuncio Apostólico, el experto nombrado por las Naciones Unidas para los Derechos del Hombre en Centro África, la Sra. Keita Bocoum y M. Simane Chikh, Observador Permanente de la Organización de Cooperación Islámica.
Esta es mi intervención: 

Excelencias, Señoras y Señores: 
En primer lugar, déjenme agradecer a todos los que me han permitido venir a participar en este encuentro de prestigio, especialmente Cáritas Internacional, la Alianza Evangélica Mundial y la Misión Permanente de la Santa Sede.
Estoy convencido de que allí donde surgen los conflictos, tenemos no solamente vocación para llevar nuestra atención, sino también para hacer todo lo posible por detener a los beligerantes. De otro modo, las rupturas se pueden propagar y ofrecer una realidad desfigurada de países enteros, que zozobran en la violencia y en el odio, corriendo el peligro de extenderse igualmente a países vecinos y a la misma región. ¡Y este es el caso particular de Centro África!
No soy más que un sencillo sacerdote y, por ser sacerdote, me siento profundamente implicado cuando hay gente que sufre.
Estos últimos años me he sentido inmerso en la escena y muchas veces he tenido que negociar con la gente armada, bandidos o rebeldes.
Los últimos meses, me he hecho cargo del cruel engranaje de los conflictos étnicos y comunitarios. Este engranaje que hace huir a la población local, que siembra el terror, y ello con tal rapidez que la comunidad internacional, aun obrando con celeridad y autoridad, llega tarde. Muchas veces demasiado tarde para ayudar a la gente desarmada. Puede ser que, al contrario, la comunidad acabe justo a tiempo por establecer un estado de hecho que termina siendo impuesto por los diferentes grupos de rebeldes. 
Permitidme ahora esbozar en algunas palabras lo que pasa en la República Centroafricana. País rico en recursos naturales y humanos, pero, sin embargo, entre los más pobres del mundo. País en el que las autoridades civiles, los militares y las fuerzas del orden huyen cada vez que la tensión aumenta.. País con una sociedad en el que la estructura se ha visto desgarrada por el último conflicto con una invasión, en un primer momento y una reacción a continuación, que han causado el estallido de una cohabitación entre musulmanes y no musulmanes que, antes de la llegada de los Seleka, no planteaba ningún problema. País en el que cientos de miles de personas han sido forzadas a huir de su domicilio y que, por el peor de los continuos pillajes, de las violencias y  de las armas no pueden encontrar el camino del retorno. Todo esto tiene enormes repercusiones en la economía local. De este modo se propagan el paludismo, el SIDA, la desnutrición, la no escolarización de los niños, el fenómeno de los niños soldados, violaciones, etc. Y este conflicto violento, en un rincón perdido de África, ha tenido tiempo para atraer la atención de la comunidad internacional.
Pero lo que ha pasado era previsible. Y algunos lo vieron, lo previeron y obraron para intentar oponerse a esta crisis. Es el caso especialmente de los líderes religiosos, que desde diciembre de 2012, lo comprendieron y comenzaron a trabajar para evitar la guerra. Católicos, protestantes y musulmanes constituyeron una plataforma interreligiosa; reflexionaron y  comenzaron a ser guías y a denunciar las violencias y los peligros que todo esto lleva consigo.
La experiencia de la plataforma se extendió a muchas partes del país. En todas partes unos pocos cristianos y musulmanes comenzaron a reencontrarse, a vigilar y a trabajar para que los hombres y las mujeres del país labraran juntos la paz. Estas plataformas locales unas veces fueron espontáneas (Bossemptele, Bozoum), otras veces estuvieron organizadas y estructuradas (Bouar, Bocaranga...).
No es casual que miles de musulmanes hayan encontrado refugio en las Misiones Católicas (como en Carnot, Baoro, Bolai, Yaloke, Bangui...).
Con arreglo a la crisis de Centro África en 2013 y 2014, Bozoum representa una caso particular, porque muestra cómo hacer frente a un conflicto que implica a todas las partes (Seleka, antibalaka, la comunidad civil: cristianos y musulmanes) en un trámite de mediación y de hacerse cargo de los problemas.
La crisis, que ya había estallado en marzo de 2013 con la llegada de los rebeldes de la Seleka (una coalición de rebeldes que provenían en gran parte del Chad, de Sudán y del Norte de Centro África), se agravó inmediatamente después de los enfrentamientos entre los Seleka y los antibalaka, desde el 6 de diciembre de 2013, que provocaron la huida de gente que se refugió en el monte o en la Misión Católica, en la que entre cuatro y seis mil personas han vivido durante un mes y medio. Esta crisis se afrontó con coraje por algunos elementos de la sociedad civil: un sacerdote católico, un pastor protestante, dos imanes musulmanes, la secretaria de la Prefectura, un ejecutivo de la Educación, jóvenes y mujeres: en pocas palabras, hombres y mujeres de buena voluntad.
La gestión tenida en cuenta, centrada en la verdad y en una clara atribución de responsabilidades, ha permitido en un primer momento atenuar las violencias cometidas por los Seleka y a continuación ‒desde diciembre‒ ha contribuido a la salida de los Seleka.
Desgraciadamente, esta gestión no ha podido evitar la salida de civiles musulmanes; al contrario, ha permitido limitar los daños: si durante los primeros ataques de los antibalaka los Seleka mataron a más de ciento treinta personas ‒la mayoría civiles‒ y quemaron más de mil cuatrocientas casas, después de la marcha de los Seleka, no ha habido más que dos muertos, de los que uno era musulmán.
La implicación de la sociedad civil representa una de las ventajas de esta experiencia.
La debilidad del Estado es muy fuerte en todas partes y, sobre todo, en las provincias: el Prefecto de Bozoum está ausente desde el 8 de diciembre, y desde su nombramiento hace un año, no ha estado más de tres semanas en su puesto... Prácticamente no hay Gendarmería ni Policía y, en general, la autoridad de los funcionarios y de las fuerzas del orden es nula tras su huida normal todas las veces que hay rumores de amenazas...
Poco a poco se ha creado un Comité de mediación. Se trata de mujeres y hombres de buena voluntad, que se han empeñado en llevar a cabo una mediación. Reuniones con los Seleka, con los antibalaka, con la población... Este servicio, que data de diciembre de 2013 con la marcha de los Seleka, ha garantizado un papel valioso con la iniciativa de reuniones diarias: todos los días a las 8 horas el Comité se sienta, también con los militares de la MISCA, para analizar la situación de seguridad y tomar decisiones. A estas reuniones los antibalaka, a pesar de su presencia en el pueblo, no son admitidos regularmente, a fin de no darles un papel oficial.. Con frecuencia se los admite cuando tienen cuestiones que plantear. Este Comité ha habilitado un NÚMERO VERDE para señalar las violencias, y un Comité de Sabios para regular los problemas que, debido a la ausencia del Tribunal y del personal, corren el peligro de ser confiados a los grupos armados.
Creo que uno de los elementos que han permitido un cierto éxito es la AUTORIDAD real (hecha con confianza y valor), de la que los miembros del Comité son una prueba. Hombres y mujeres que se han expuesto (yo mismo he recibido bofetadas, piedras y tiros con kalachnikov) y que tienen muy claro el objeto de sus acciones, es decir, la Paz, pero que también tienen conciencia de su dignidad y de los límites y términos que no hay que pasar: la dignidad humana, el respeto debido a cada persona. Me gusta llamar la atención sobre el papel jugado por las mujeres: han tenido mucho más valor que los hombres.
Tal obra de mediación ha permitido igualmente la reapertura de todas las escuelas en un radio de setenta kilómetros (unas cincuenta escuelas y ocho mil alumnos presentes en marzo) y la distribución de semillas gracias al apoyo de las ONG.
El papel de los militares de la Unión Africana y de la MISCA ha sido, al mismo tiempo, positivo y negativo. Positivo, cuando han escuchado y han colaborado en esta gestión de mediación. Negativo, cuando no han colaborado, dejando en ocasiones sola y sin protección a la población (yo mismo, cuando querían quitarme la vida sin preocuparme de la reacción de los Seleka, he tenido que amenazarles con aparcar mi coche en un puente para impedir su marcha...).
El papel del Estado es aún muy débil, tiene que enfrentarse a una crisis profunda, que data desde hace mucho tiempo: un país que nunca ha construido una escuela con sus propios fondos, tiene camino que hacer.
La crisis no comenzó solamente en diciembre de 2012: es el resultado de errores y de problemas que jamás fueron resueltos. Si queremos que la República Centroafricana  se levante, se necesitará una reflexión profunda y cambios reales sobre la democracia, la corrupción, la educación, la justicia...
El papel de la Comunidad internacional es fundamental. Un país pobre, con pocos habitantes, pero rico en recursos naturales, corre el peligro de ser presa de los países vecinos, y el patinazo reciente puede hacer de la República Centroafricana una encrucijada para los fundamentalistas y el terrorismo: Boko Haram y al-Qaeda están cada vez más próximos... Decidir una intervención de las Naciones Unidas en abril, y programarla para septiembre, nos parece muy larga. Gracias a la Comunidad internacional que está implicada en RCA, gracias a las Naciones Unidas, a la Unión Africana, a la Unión Europea, a Francia, pero hay que hacerlo aprisa, hay que hacerlo mejor, hay que hacer más.
Hasta ahora la Comunidad Internacional no ha logrado hacer que cambien las cosas:  no se ha llevado a cabo ningún desarme serio, y la partición del país corre el riesgo de  convertirse en una realidad. Según mi humilde parecer, hay que escuchar más: una escucha no solo a  nivel más «alto» (Presidente, Gobierno, etc.), sino SOBRE TODO el de quienes se ocupan en concreto de lo terreno: un puñado de hombres y mujeres han podido impedir a más de un millar de rebeldes que destruyeran completamente Bozoum. Por otra parte, como el arzobispo de Bangui, Diedudonné Nzapalainga, el imán Kobine Layama y el pastor Guerékoyomé, con la plataforma de los líderes religiosos, desde diciembre de 2012, atraviesan el país para aportar su contribución. Quizás sería interesante escucharlos y apoyar su trabajo.
No hay que olvidar el papel de los medios y de internet en particular, que representa un instrumento excepcional para informar y hacer que las noticias se difundan. Por medio de los e-mails, blogs y las redes sociales hemos tejido lazos que son valiosos, y que pueden hacer cambiar las cosas.
A modo de conclusión, permitidme compartir lo que yo siento.
Con frecuencia me planteo la cuestión de qué es lo que más necesitamos.
¿Es el dinero? No, incluso siendo tan importante, vistas las innumerables necesidades de la población para garantizar la ayuda humanitaria.
¿Son el que haya más Fuerzas militares? Quizás. Ellas pueden garantizar la seguridad del país, pero no es más que una solución temporal.
Lo más importante, según mi parecer, es la reconstrucción de los corazones: por tanto, escuela, formación e información.
Necesitamos asimismo un saber hacer. Hay gente de buena voluntad. Pero la buena voluntad no siempre es suficiente. Necesitamos conocer otras experiencias, fijarnos en lo que funciona y en lo que se ha logrado. Necesitamos comprender lo que ha llevado a un país a este precipicio, necesitamos conocer y reconocer los errores, pero también analizar la situación para poder idear y crear un futuro de Paz.
Porque un  futuro de Paz es posible. Este lugar, las Naciones Unidas, nació para que hombres y mujeres, después de la segunda guerra mundial, comprendieran «que hace falta más empuje para construir la Paz que para hacer la guerra» e hicieron lo imposible para hacer posible los sueños de Paz.
Con nuestros esfuerzos, con el apoyo de mujeres y hombres de buena voluntad, con la fuerza de Dios podemos llegar aquí.
Gracias por vuestra atención.



La Cathédrale de Oslo




Le débat sur la Centrafrique, avec Mme la Présidente



A Genève

A Genève



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