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viernes, 1 de noviembre de 2013

Una Iglesia que acoge





En estos días una misión de las Naciones Unidas ha llegado para investigar sobre las violaciones de los derechos humanos aquí en Bozoum. Desde marzo, desde que los rebeldes de la Seleka se instalaron en Bozoum, hay continuas violaciones, arrestos arbitrarios, encarcelamientos ilegales, torturas, tratamientos humillantes y degradantes y asesinatos.
La misión de la ONU ha encontrado las víctimas, luego ha encontrado los "verdugos", los rebeldes, que lo han negado todo... precisamente delante de las celdas en las que estaban en prisión algunas personas, arrestadas durante la visita de la misión de la ONU...
Desde el sábado pasado, 27 de octubre, en Bouar hay una grave crisis. Todo ha comenzado con un ataque por parte de algunos centenares (pero el número preciso no se sabe) de elementos en revuelta contra los rebeldes de la Seleka. Los llaman anti-balaka. Probablemente hay muy poco político en todo esto, es más bien la reacción de gente desesperada que ha visto quemar las casas, asesinar a amigos y familiares, robar todo lo posible, impedir que vayan y vengan libremente...
El sábado por la mañana estos anti-balaka han intentado tomar el aeropuerto y el campo militar, pero se han encontrado con los rebeldes de la Seleka, y se han replegado.
Al sonido de los disparos, la población de Bouar, presa del pánico, ha buscado refugio en las diversas parroquias de la ciudad: Fátima, San Lorenzo (1.400 personas) y la catedral, con más de 6.000 personas.
Por fortuna se encontraban en la ciudad los militares de MISCA (Fuerza multinacional de los países del África Central) que, además de impedir que los rebeldes de la Seleka hicieran las acostumbradas represalias, han garantizado la seguridad de todos los refugiados.
El miércoles por la mañana, he marchado para Bouar, a 250 km, donde he llegado hacia las 15'30 h. Aquí he encontrado a las autoridades civiles (entre las que estaba el Prefecto, que se marchó al comienzo de los desórdenes y acaba de volver), a los militares de la FOMAC, al representante de los rebeldes Seleka y a algunos representantes de la población. La gente estaba muy frustrada por la ausencia de las autoridades durante la crisis, y por el clima de tensión que se ha creado: algunos jóvenes musulmanes andan armados de cuchillos, temiendo ataques de los anti-balaka, y la población se siente indefensa.
Después de la reunión, he ido a la catedral: ¡un mar de gente! Es impresionante ver tanta gente, mujeres, niños, chicos, adultos... Todos con bastante tranquilidad y ocupados en hacer algo: uno prepara algo para comer, otro lava a los niños, otro está de charla. Pero se nota mucho la preocupación por una vuelta que no es segura. Hay militares de Gabón, que han hecho un óptimo trabajo. Hay voluntarios de la parroquia, de Cáritas y de Justicia y Paz, que garantizan el orden, la seguridad y la higiene. Está el incansable Abbé Mirek, párroco y vicario episcopal. Hay un equipo de enfermeros que junto al doctor han puesto a punto un pequeño hospital en la catedral vieja. Están las clarisas que rezan por toso; en su galería ¡una mujer ha dado a luz una niña!
Hacia las 18'00 la gente aumenta: algunos han pasado el día en los barrios, pero prefieren pasar la noche aquí. Todas las salas parroquiales están llenas, las galerías, el Centro de acogida. También la catedral se convierte en dormitorio...
El jueves por la mañana voy de nuevo a la catedral y a San Lorenzo, donde la gente, a pesar de las invitaciones a regresar a sus casas, tiene miedo de dejar un sitio seguro como este.
Hacia las 11'00 me pongo en la carretera para volver. Pero en Baoro el embrague no funciona más. Mis hermanos me prestan un coche: un Suzuki que tiene ya veinte años.
Hasta Bossemptele, todo va bien. Después, a 50 km de Bozoum, se para. Por fortuna, pasa un amigo, que limpia el filtro y puedo reemprender la marcha. Pero solo por otros 10 kilómetros. Aquí el mismo problema. Limpio el filtro y los tubos, y el coche comienza a funcionar, empujado por dos pastores que pasaban por allí.
Por fin, consigo llegar a la misión de Bozoum, pero el coche se para definitivamente a 50 metros de la verja. Pero ahora ya he llegado.
Hoy es la fiesta de Todos los Santos. Tengo aún los ojos llenos de la iglesia de Bouar, donde el que es débil e indefenso encuentra refugio y confort. ¡Estoy orgulloso de este Iglesia!










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