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miércoles, 24 de abril de 2013

Algunas semanas después...


 



 





Han pasado ya semanas desde el golpe de estado... pero todavía ¡estamos en el caos!

El sábado pasado, un Consejo de Transición (que debería representar a todo el país) eligió por aclamación al único candidato a la Presidencia, que era el presidente autoproclamado...
Mientras tanto los saqueos continúan y los asesinatos. El sábado y el domingo pasados en particular, los rebeldes entraron en algunos barrios oficialmente para desarmar a la población, pero en realidad robaban todo lo que tenía un poco de valor. Hubo alguna reacción, y los rebeldes desaparecieron. Balance: unos veinte muertos durante el fin de semana. Entre estos muertos, también niños, que estaban en una iglesia que fue atacada con tiros de mortero...
También pasa esto en el resto del país. Los padres capuchinos han tenido que abandonar la Misión de Golfo; y todas las demás ciudades, quien más quien menos, padece daños y miedo a causa de estos rebeldes. No se comprende lo que quieren hacer. Están destruyendo todo: administración, economía, política...
Desgraciadamente, los políticos (¡¡¡también aquí!!!) brillan por incapacidad y oportunismo...
La única voz que se alzó con fuerza y valor fue la del arzobispo de Bangui.
En la homilía del domingo pasado y en la entrevista en Radio Vaticana (que podéis leer aquí: http://it.radiovaticana.va/news/2013/04/20/caos_in_centrafrica._l%E2%80%99arcivescovo_di_bangui:_la_popolazione_/it1-684688),
no ha tenido miedo de decir lo que está sucediendo, y que él ve todos los días al visitar a su gente.

       Dice: “El martes pasado, todo el barrio se vació: había un miedo terrible, como si quisieran incendiar todo. Yo mismo acompañé a pie a algunos niños para ayudarles a pasar la carretera: todos los niños tenían miedo... Psicosis, escenas de angustia... Yo me pregunto, ¿cómo será posible aceptar el trauma causado también a los niños, los más pequeños, que representan el hoy y el mañana de un país? Sencillamente viendo las armas, oyendo los tiros o los vehículos que viajan a alta velocidad, ¡todos los niños tienen miedo! No hay confianza. Pero entonces, ¿con quién es posible trabajar? Estas son las preguntas que debieran hacerse los nuevos responsables. Es el momento de crear un momento de confianza. Es el momento de que las personas se sientan seguras: es lo que esperamos nosotros de los responsables políticos. Actualmente tenemos la impresión de que los rebeldes de "Seleka", que detentan todo el poder, pueden hacer lo que les viene en gana.  Ha llegado el momento en que, ahora de modo regular, se puedan acuartelar, confinar y desarmar, para que la población pueda ocuparse de sus propias cosas".

Intentamos de todos modos ir hacia adelante. Las obras para la construcción del Centro para acoger a los alumnos de nuestro liceo que vienen de lejos está siempre activa (podéis ver las fotos debajo).
El miércoles fui a Bouar, a 250 kilómetros de aquí, para ver a los hermanos y a las comunidades que están por allí abajo. Fue la ocasión también para encontrar a los miembros de la Comisión Justicia y Paz, con los que hemos hecho un balance de la situación, y buscado qué hacer. Tanto inmediatamente ahora (con la denuncia de todos los tipos de violencia y abuso), como en el futuro, para ayudar a la gente, a los cristianos y, sobre todo, a los jóvenes y construir un futuro y a poner las bases para una renovación profunda de las mentalidades...
Hoy domingo, para celebrar la primera misa a las 6'30, he marchado a pie a la capilla de San Juan. Solo tenemos un coche, porque los otros los hemos escondido por miedo a que nos los roben los rebeldes...
Por la tarde, nos hemos reunido el comité parroquial Cáritas y Justicia y Paz, para hacer un primer balance de la situación, y para ver si se puede hacer algo para que al menos las escuelas estatales puedan reabrir...
Y seguimos adelante, despacio, con un poco de miedo, pero con mucha confianza. Jesús ha dicho hoy en el Evangelio que no nos dejará caer en las manos de quien nos quiere hacer mal, pero también por las oraciones y la simpatía de tanta gente. ¡Gracias!
 








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